Un negocio de comida hoy vive en varios lados a la vez: Instagram, WhatsApp, las apps de delivery y, cada vez más, algo propio. La respuesta corta es que no hace falta tener todo, y que el orden importa: primero la carta digital, después ordenar los pedidos, y recién al final una web propia con pedidos, cuando las comisiones pesan lo suficiente como para justificarla. Abajo está cada pieza, qué resuelve y en qué momento conviene.
El menú QR
Es lo más fácil por donde empezar: un código en la mesa o en la vidriera que abre tu carta en el celular, siempre actualizada. Cambiás un precio o sacás un plato del día sin reimprimir nada, y el local se ve más prolijo.
No necesitás contratar a nadie para esto. Hay generadores gratuitos y para la mayoría de los locales alcanzan de sobra.
Un solo consejo, porque es el error que más veo: que el QR no abra un PDF. Un PDF en el celular obliga a hacer zoom y arrastrar con el dedo, tarda en cargar y se lee mal justo cuando la persona está decidiendo qué pedir. Tiene que abrir una página común, que se adapte sola a la pantalla.
Los pedidos por WhatsApp
Es lo que hace casi todo el mundo, y está bien: es gratis, la gente ya lo tiene instalado y la conversación es directa.
Donde se rompe es en el volumen. Cuando entran veinte pedidos en la misma hora, alguien tiene que estar contestando precios, confirmando direcciones, mirando comprobantes y pasando todo a la cocina. Ahí aparecen los errores y las demoras, y no es culpa de la herramienta: WhatsApp no está pensado para eso.
La señal de que te quedó chico es bastante clara: si en las horas pico hay una persona dedicada casi full time al teléfono, eso ya es un costo mensual, aunque no aparezca en ninguna factura.
Las apps de delivery
Rappi y PedidosYa te ponen frente a un montón de gente que está buscando comida en este momento, y además resuelven la logística. Para arrancar, o para llenar las horas flojas, funcionan muy bien.
El costo tiene dos partes. La visible es la comisión sobre cada pedido. La menos visible es que el cliente es de la app: no tenés su contacto, no sabés qué pidió la vez pasada y, si mañana te bajan en el listado, no hay mucho que puedas hacer. Adentro de la app, además, estás al lado de todos los demás y la comparación suele terminar en el precio.
Cuándo conviene tener pedidos propios
La cuenta es simple: fijate cuánto pagaste de comisión en los últimos doce meses y compará ese número con lo que cuesta tener una web con pedidos.
Si el delivery todavía es una parte chica de lo que facturás, no te apures. Si ya es una parte importante, esa comisión es un alquiler que vas a seguir pagando todos los meses y que crece cuando vendés más.
Y no es blanco o negro: casi nadie se va de las apps. Lo que se busca es que los clientes que ya te conocen, los que te piden todas las semanas, pasen por tu canal, y que las apps queden para que te descubran los que todavía no te conocen.
Y si llegás a la conclusión de que sí conviene, pero no tenés claro a quién encargársela, escribí aparte sobre cómo elegir a quién contratar.
Lo que falla cuando das el paso
Que la web exista no hace que la usen. Acá es donde se cae la mayoría.
Tu página arranca sin tráfico, así que hay que empujarla, y lo que funciona es de muy baja tecnología: el QR en la mesa y en el mostrador apuntando a tu carta con pedidos, el link en la biografía de Instagram y en las historias, un imán o una tarjeta adentro de cada bolsa de delivery, y la más efectiva de todas, decirlo en voz alta cuando entregás.
Conviene además darle a la persona un motivo concreto para cambiar. Lo que te ahorrás de comisión lo podés devolver en un precio mejor, en el envío o en algo extra. Es la única ventaja que podés ofrecer sin perder plata, porque no sale de tu margen: sale de lo que antes se llevaba la app.
Dónde entro yo
Esto es parte de lo que hago: webs para negocios de comida con la carta, los pedidos y la zona de entrega ya resueltos. Viandas H&G, por ejemplo, calcula el costo del envío según la zona del cliente.
Si estás en la etapa del menú QR nomás, con eso alcanza por ahora y no hace falta nada más.
Si además vendés productos envasados, en esta nota comparo tener tienda propia contra vender en Mercado Libre e Instagram. Y si lo que te falta es que te encuentren cuando buscan comida en tu zona, escribí sobre cómo aparecer en Google y en ChatGPT.
Lo que más me preguntan
¿Tenés un negocio de comida y querés que los pedidos empiecen a ser tuyos? Contame cómo trabajás y vemos qué te conviene.